Navidad junto al Lago
un semillero vocacional desde la belleza y la vida comunitaria
Cada año, en la Diócesis de Mar del Plata, unos 150 jóvenes de entre 16 y 30 años, provenientes de distintas diócesis del país, se reúnen durante diez días en torno a una experiencia que nació en 1987 y que hoy sigue dando frutos vocacionales: "Navidad junto al Lago" (NjL). Los participantes son convocados por otros miembros de la comunidad que ya vivieron la experiencia, y son acompañados por un grupo de Servidoras. NjL combina elementos de misión, retiro espiritual y convivencia tipo campamento juvenil, dentro de una vida comunitaria cotidiana profundamente exigente. A quienes participan se les ofrece, además, un acompañamiento espiritual durante el resto del año, enraizado en la espiritualidad del Siervo de Dios, el sacerdote argentino Luis María Etcheverry Boneo.
Una experiencia eclesial que evangeliza a través de la belleza
El propósito de NjL es vivir una experiencia eclesial cuyo fin es la evangelización y la misión, realizada a través de la belleza. El discernimiento vocacional no es el objetivo primario de la propuesta, pero en la práctica la experiencia funciona como un verdadero semillero de vocaciones. Al finalizar cada encuentro se presentan los jóvenes que, tras varios años de participación y un acompañamiento personalizado en sus respectivas diócesis, han tomado la decisión de entrar al seminario, de sumarse a una comunidad de vida consagrada femenina, o de formar una familia a través del sacramento del matrimonio.
Una obra de arte construida en comunidad
Durante los diez días de convivencia, los jóvenes viven juntos en el Centro de Espiritualidad y Cultura Cristiana "Santa María de la Armonía", un lugar de fuerte carácter sacramental, con el objetivo de preparar una pequeña obra de arte: un espectáculo de luces, sonido e imágenes que recorre la vida de Jesús y los orígenes de la Iglesia, con aplicaciones para el mundo de hoy. La banda sonora incluye, entre otros elementos, textos evangélicos y obras de los grandes maestros de la música sacra. Los espectáculos, que se realizan al atardecer o por la noche —de un modo similar a lo que ocurre en algunos castillos franceses y en otros lugares del mundo—, convocan entre 1.000 y 2.000 espectadores de toda la zona turística. La entrada es libre, con aporte voluntario.
La organización: equipos, talleres y acompañantes
La experiencia se sostiene gracias a equipos de trabajo y talleres que planifican previamente las distintas actividades. Entre los equipos se encuentran la secretaría pastoral, el ministerio de la escucha, el servicio, los responsables de las casitas, comunicación y difusión, dirección artística, y el equipo de luces y audio, entre otros. Los talleres habituales son música y liturgia, escenografía, apoyo técnico, diseño de vestuario, cocina, artesanía, jardinería y recepción del público, entre otros. El equipo que anima y acompaña la experiencia está formado por unas 10 servidoras (en su mayoría jóvenes), 2 o 3 sacerdotes —algunos de los cuales maduraron su propia vocación como miembros de la comunidad NjL— y 2 o 3 matrimonios con hijos, también miembros de la comunidad.
El ritmo cotidiano y los momentos especiales
Todos los días, entre Navidad y la Epifanía, comienzan con la oración de la mañana en la capilla, seguida de los talleres en el parque y en los espacios comunes, y una pausa para la siesta. Se suman un encuentro de espiritualidad, la Misa, los ensayos de las escenas con luces y sonido hasta altas horas de la noche, una hora de adoración voluntaria al Santísimo Sacramento, y todas las comidas, que son servidas por los propios jóvenes. Entre los momentos especiales se incluyen una mañana de retiro en silencio con el sacramento de la Reconciliación —acompañado por una decena de sacerdotes de la diócesis—, una Eucaristía grabada para televisión, la espera del Año Nuevo con adoración nocturna al aire libre, y la visita del Obispo de Mar del Plata —a veces acompañado por otros Obispos— durante algunas de las celebraciones.
Lo que los jóvenes se llevan consigo
Quienes interpretan a los personajes no se consideran "actores", sino "testigos" de lo que han vivido. Se llevan consigo una experiencia desafiante y exigente de vida en comunidad cristiana misionera, compartida con laicos, sacerdotes y consagradas jóvenes y comprometidos con la Iglesia, en un ambiente donde la belleza no está solo en la naturaleza y en el arte, sino también en el estilo de vida. La amistad, la alegría, la sed de oración y de Eucaristía diaria, el celo apostólico, la creatividad para transmitir la Buena Noticia a través de la sensibilidad estética, la espiritualidad propia de los personajes evangélicos, el amor a la Iglesia y "el sentir con Ella", el vínculo con la propia diócesis, la devoción mariana, la confesión bien preparada y la elección del silencio para el encuentro personal con Dios son algunas de las "herramientas" que llevan en sus "mochilas".
Por qué NjL es terreno fértil para las vocaciones
Entre otros motivos, la experiencia se revela como semillero vocacional porque:
- Es una experiencia fuerte de Iglesia, con la certeza de pertenecerle y el desafío que eso implica para cada uno. La fe se encarna y se comparte. Se conocen distintos carismas, lo que amplía los horizontes de estilos y particularidades de cada diócesis. La presencia de sacerdotes de diversas edades que comparten, de algún modo, el carisma del Padre Etcheverry, junto a servidoras de distintas edades y procedencias, y matrimonios y familias, muestra la riqueza de la Iglesia y "enciende" el deseo de santidad en todos los que participan.
- La centralidad de Jesús en la Eucaristía y la presencia de la Virgen. Hay espacios para la oración personal, la formación y la espiritualidad.
- Es una fuerte experiencia de fraternidad, en un ambiente donde cada uno puede ser libremente sí mismo.
- Es una propuesta atractiva para múltiples talentos, intereses y personalidades.
- Se busca encontrar y valorar la mejor versión de cada persona. En ese sentido, es un espacio verdaderamente vocacional, que permite conocerse a sí mismo en la relación con Jesús y con los demás.
- Es un estilo de vida —oración, servicio, alegría, fraternidad y trabajo—. El hecho de que dure diez días invita a pensar que ese "estilo" puede perdurar en la vida y no desaparecer la semana siguiente.
- Por la naturaleza sacramental del lugar.
- Muchos aprenden a orar a través de la interiorización de los personajes y de la representación.