Mensaje del Cardenal Lazzaro You a los Sacerdotes de Paraguay

con motivo de la Jornada Nacional del Clero 2026

con motivo de la Jornada Nacional del Clero 2026
16 julio 2026

Mensaje a los Sacerdotes de Paraguay del Cardenal Lázaro You Heung-sik Prefecto del Dicasterio para el Clero

con motivo de la Jornada Nacional del Clero 2026

«La identidad del sacerdote y el perfil del ministerio en el contexto actual»

 

Queridísimos Hermanos Sacerdotes:

Con profunda alegría, me hago presente en esta Jornada Nacional del Clero, promovida por el Servicio de Pastoral Presbiteral de la Conferencia Episcopal Paraguaya como parte delprograma trienal «El bien común 2026-2028». Que mi saludo fraterno en el Señor Jesús, el Buen Pastor, llegue a todos ustedes, a sus Obispos y a sus comunidades.

Deseo que cada uno de ustedes sienta hoy, de manera concreta, la cercanía del Santo Padre León XIV y la preocupación del Dicasterio para el Clero por su vida y ministerio.

Quisiera destacar lo que considero una feliz coincidencia: el 8 de diciembre de 2025,Solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Santo Padre firmó la Carta Apostólica «Una fidelidad que genera futuro»1, y ese mismo día, en Caacupé, a los pies de la Virgen, sus Obisposfirmaron la Carta Pastoral sobre el bien común,

«Denles ustedes mismos de comer»2.

Dos cartas que, si bien de maneras distintas, evocan la misma verdad fundamental: lafidelidad al sacerdocio y, por ende, el servicio al bien común del pueblo emanan de la misma fuente, el Corazón de Cristo, el Corazón del Buen Pastor.

Permítanme, pues, explorar con ustedes algunos de los puntos clave de la Carta Apostólica, reflexionando sobre el tema que han elegido para este día tan importante.

1.    Identidad: representar a Cristo y a la Iglesia

Preguntarnos por la identidad del sacerdote en el contexto social y cultural actual implica un movimiento interior que nos lleva de vuelta a lo esencial, a la fuente y origen que da sentidoal ministerio sacerdotal. No se trata de una cuestión abstracta; el contexto actual nos interpela con fuerza. Existen muchos desafíos, como la secularización que afecta incluso a personas de profunda fe cristiana y las aleja de ella; el crecimiento de nuevas comunidades evangélicas y pentecostales que ponen en tela de juicio la calidad de nuestro mensaje y nuestra cercanía a lagente; la cultura digital que transforma las relaciones y los lenguajes; tantos jóvenes que parecen alejados de la Iglesia pero que están sedientos de encontrar sentido a la realidad; las transformaciones sociales que despueblan el campo y extienden las periferias de las ciudades. Todo esto no es una amenaza de la que debamos defendernos, sino el terreno concreto en el que el Señor nos llama hoy a ser pastores según su Corazón3.

Ser sacerdote significa vivir una vida ofrecida, entregada, y el Papa León XIV lo afirmaclaramente en la Carta Apostólica mencionada: la identidad de los presbíteros «se constituye en torno a su ser para su misión y es inseparable de ella»4. La missio del sacerdote nunca es algoprivado o personal, sino que siempre está inseparablemente ligada a ser testigos y proclamadores de Cristo en todas partes. De hecho, san Juan Pablo II, citado por el Papa León XIV, nos recuerda que «los sacerdotes son, en la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor. Proclaman con autoridad su Palabra, repiten susgestos de perdón y la ofrenda de salvación, especialmente a través del Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía. Ejercen su amorosa solicitud, incluso hasta la entrega total de sí mismos por el rebaño, al que reúnen en unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu»5. Eneste sentido, la Ratio Fundamentalis recuerda que los sacerdotes están llamados aentregarse por completo al servicio del Pueblo de Dios, a imagen de Cristo Esposo, adoptando lossentimientos de Cristo y amando a la comunidad con abnegación, fidelidad y ternura maternal6.

Esto debe enfatizarse claramente para evitar cualquier reduccionismo y clericalismo: el sacerdote no es un funcionario de lo sagrado ni simplemente un delegado o representante de la comunidad7. El sacerdote es un hombre verdaderamente configurado con Cristo, escogido de entre los hombres para representar a Cristo y a la Iglesia ante el pueblo, y al pueblo ante Dios.

La Ratio Fundamentalis recuerda también que «a lo largo de la vida, se es siempre “discípulo”, con el constante anhelo de “configurarse” con Cristo, para ejercer el ministerio pastoral»8, que nunca se considera un privilegio, sino siempre un servicio. Y cuando el servicio y la entrega se convierten en el hábito diario del sacerdote, de modo que todo lo que hace serealiza por amor a Cristo y a su pueblo, a la Iglesia, entonces, en ese momento, cada persona redescubre y encuentra su propia identidad. No en el poder, sino en la gracia de un amor total y que lo abarca todo. San Juan Crisóstomo ya lo recordaba con palabras insuperables: «Elsacerdocio se realiza en la tierra, pero pertenece al orden de las realidades celestiales»9.

2.    Llamados a la santidad: una fidelidad que se convierte en historia

La fidelidad, enseña el Papa, es a la vez gracia de Dios y un camino constante de conversión. La santidad sacerdotal no es una evasión del mundo, sino una fidelidad que seconvierte en historia en contextos sociales y pastorales concretos. León XIV identifica dostentaciones que amenazan esta fidelidad hoy: una «mentalidad centrada en la eficiencia, segúnla cual el valor de cada persona se mide por su desempeño», y «una especie de quietismo:asustados por el contexto, nos replegamos sobre nosotros mismos, rechazando el desafío de la evangelización»10.

Debemos estar muy atentos a estas tentaciones, especialmente en nuestro propio entorno. ¡Cuántas veces nuestra forma de hablar revela una mentalidad según la cual el valor de unsacerdote se mide por el número de feligreses!

¡Cuántas veces, en cambio, asustados por la velocidad del mundo, nos sentimos derrotados y nos rendimos!

La eficiencia y el quietismo son dos caras de la misma moneda; son las mentalidades erróneas de quienes han perdido el entusiasmo y la belleza de la evangelización. A esto se suma una amenaza quizás más sutil: la mediocridad moral y espiritual, esa conformidad con una vida tibia que ni escandaliza ni da testimonio. Y quisiera decirlo con franqueza fraterna: el ministerio no es una carrera, ni una escalera de cargos y honores que escalar. Quienes experimentan el sacerdocio como una ascensión social ya han perdido el rostro de Aquel que, como Maestro, se humilló para lavar los pies de sus discípulos (cf. Jn 13, 14).

El camino es un ministerio gozoso y apasionado, que celebra y vive la liturgia con aquelamor y cuidado que ya son evangelización. Todo sacerdote, «educado por el misterio que celebra en la santa liturgia, debe desaparecer para que Cristopermanezca, hacerse pequeño para que Él sea conocido y glorificado, entregarse por completopara que nadie carezca de la oportunidad de conocerlo y amarlo»11, asumiendo «con fervor la tarea de evangelizar todas las dimensiones de nuestra sociedad, en particular la cultura, la economía y la política»12.

Aquí la Carta Apostólica se encuentra con la Carta Pastoral de sus obispos: el «biencomún» no es una idea abstracta, sino la escuela de mi barrio que educa correctamente, elhospital o consultorio médico que vela por la salud de todos, el juez que no cede ante la corrupción. En su país, el bien común tiene un rostro muy concreto: muchos hermanos y hermanas aún viven en la pobreza, la tierra sigue concentrada en manos de unos pocos mientras los campesinos y las comunidades indígenas esperan justicia, y los barrios marginales crecen en las afueras de las ciudades. Sé que la Iglesia en Paraguay no permanece en silencio anteestas heridas y que muchos de ustedes, en los barrios y en el campo, suplen a diario las deficiencias del Estado con escuelas, comedores sociales y centros de salud.

Por esta razón, el sacerdote que transita el camino de la santidad no se convierte en un partidista, sino en un servidor del Evangelio: forma conciencias en la Verdad, se convierte en lavoz de los pobres, salvaguarda con transparencia los bienes de la Iglesia y rechaza con firmeza toda forma de corrupción, comenzando por su propio hogar13. No podemos pedir coherencia alos demás si no estamos dispuestos a vivirla nosotros mismos. Como afirma el Papa León XIV en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, refiriéndose a la Doctrina Social de la Iglesia,«no es solo una palabra dirigida a la sociedad: es también un examen de conciencia para la Iglesia (...) siempre llamada a verificar que los principios (...) se vivan ante todo en su seno»14.

Esta fidelidad, que se convierte en un compromiso concreto con la Iglesia y con el pueblo que nos ha sido confiado, nos exige a los sacerdotes conservar y reavivar siempre el entusiasmo y la energía de la primera hora, encontrando la profunda inspiración y guía para esta renovación diaria en la caridad pastoral15. La caridad pastoral – el amor del Buen Pastor –es el principio que unifica la vida del sacerdote y le permite discernir, en cada circunstancia, loque verdaderamente pertenece a su ministerio y lo que le es ajeno.

3.    La oración: volver diariamente al mar de Galilea

Sin embargo, nada de esto se sostiene ni puede existir sin la oración y una relación personal con el Maestro. Me gusta mucho la imagen de la Carta: «Es como si cada día elsacerdote volviera al mar de Galilea – donde Jesús le preguntó a Pedro: “¿Me amas?” (Jn 21, 15) – para renovar su “sí”»16. Al comentar esa escena, san Juan Crisóstomo observa que el Señor, al interrogar a Pedro, «no quería demostrar cuánto lo amaba Pedro [...] sino cuánto amaba élmismo a su Iglesia. Quería que Pedro y todos nosotros aprendiéramos esto, para que también nosotros tuviéramos gran cuidado en este sentido»17.

Es Dios quien nos ama primero, y en nuestra relación con Él aprendemos a vivir por ese amor. Por lo tanto, cuando la oración se desvanece, la identidad se disuelve en la función, y el ministerio se convierte en activismo o cansancio. Es cierto que la armonía entre la contemplación y la acción a menudo puede ser difícil y compleja de lograr. Sin embargo, sanGregorio Magno lo señala como la medida misma de un pastor: que el guía de las almas «estécerca de cada uno con compasión y, sobre todo, dedicado a la contemplación»18. Nuestros días son intrincados, complejos y multifacéticos, por lo que el compromiso con la oración se convierte en un verdadero desafío que nadie puede eludir. No se trata solo de fidelidad a las promesas hechas el día de la Ordenación, sino también y sobre todo porque representa la única manera de perseverar, el único medio para mantenernos firmes ante las dificultades y adversidades de la vida. Es Cristo quien nos sostiene, es Jesús quien nos da la fuerza para proclamar su Evangelio incluso a quienes no saben qué hacer con él, es Él quien nos da la gracia para perseverar y la capacidad de edificar la Iglesia en un mundo que ya no parece desear su presencia.

Les pido, Queridos Hermanos: nunca descuiden el tiempo diario dedicado al Señor: laCelebración Eucarística, la oración de la Liturgia de las Horas, la Lectio Divina y la meditación en la Palabra de Dios, la Adoración ante el Sagrario, el Santo Rosario, la Confesión frecuente, sin descuidar la celebración asidua de la Reconciliación y la continuidad del acompañamiento espiritual. De esta intimidad con el Maestro emana todo lo demás19.

4.  La formación permanente: no se deja nunca de ser discípulo

El Concilio, en el decreto Optatam Totius, deseaba que la formación no se detuviera en el Seminario, abriendo el camino a una formación continua que constituye «un dinamismo de constante renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral»20. El Papa León XIV, en plena sintonía con las reflexiones de las últimas décadas, quiso clarificar su naturaleza: «Antes de ser un esfuerzo intelectual o una actualización pastoral, laformación continua sigue siendo una memoria viva y una constante actualización de la propiavocación en un camino compartido»21. La formación no es la acumulación de cursos ni simplemente experiencias vividas. La formación más bella e importante es la que Dios obra en nuestros corazones, si estamos dispuestos a escucharle. La formación es volver a la voz que una vez nos llamó y redescubrir la necesidad de aprender cada vez más la lógica del amor cristiano22.

La formación entendida de esta manera no puede sino ser integral. Desde esta perspectiva,el Seminario – y, con él, toda la vida del sacerdote – está llamado a convertirse en «una escuelade afecto», donde aprendemos «a amar y a hacerlo como Jesús»23. Solo los sacerdotes con madurez humana y fortaleza espiritual pueden abrazar con credibilidad el celibato y proclamarcon alegría el Evangelio del Resucitado.

Además, es importante cultivar el estudio y la profundización personal: un pastor que nunca deja de aprender es un discípulo que nunca deja de escuchar. Después de todo, nadie se forma solo, pues la formación es un camino que se recorre en comunidad, y es precisamenteaquí donde fluye naturalmente hacia la fraternidad.

5.    Fraternidad y sinodalidad: colaboración con los carismas del Pueblo de Dios

La fraternidad sacerdotal es un don inherente a la gracia de la Ordenación, que nos precede y nos compromete. La comunión espiritual y sacramental entre los sacerdotesrepresenta la forma más elevada e inmediata de amor fraterno. Este vínculo profundo requiere el apoyo del Espíritu Santo y un compromiso interior constante para vencer toda tentación alegoísmo24. Por favor, nunca lo olviden:

¡ningún pastor existe solo! Por esta razón, el Papa desea que se promuevan posibles formas devida fraterna en todas las Iglesias locales, para que «los sacerdotes encuentren apoyo mutuo en el cultivo de su vida espiritual e intelectual, cooperen mejor en el ministerio y se preserven de los peligros que pueden surgir de la soledad»25. El cuidado de nuestros hermanos sacerdotes que están solos, enfermos o ancianos no es menos importante que el cuidado de las personas que nos han sido confiadas26.

La identidad sacerdotal, de hecho, se define a través de tres relaciones: con el Obispo (osuperior religioso), con quien colaboramos; con nuestros hermanos sacerdotes, con quienes, en cierto sentido, ejercemos un solo ministerio; y con los fieles laicos, quienes, más que colaboradores, están llamados a ser corresponsables de la misión de la Iglesia. Ya el Concilio, dehecho, había pedido a los sacerdotes que descubrieran «con fe los múltiples carismas de los laicos, tanto los humildes como los más excelsos»27.

Este es el estilo sinodal que el Santo Padre aprecia especialmente. No se trata de multiplicarlas reuniones, democratizar la experiencia eclesial o, peor aún, «clericalizar» a los laicos, sino de promover una verdadera colaboración con los dones que elEspíritu Santo derrama sobre todo el pueblo de Dios. En una Iglesia sinodal y misionera, «el ministerio sacerdotal no pierde importancia ni relevancia, sino que, por el contrario, puede centrarse más en sus tareas propias y específicas»28. Dejar atrás el modelo de liderazgo solitario significa poder desarrollar un estilo de liderazgo verdaderamente compartido.

Sus Obispos lo han expresado con palabras luminosas: la Iglesia «puede y debe ser una escuela de participación: un espacio donde fieles y ministros aprendan a escuchar, dialogar, decidir y servir»29.

6.    El cuidado de las vocaciones

«¡No hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones!»30. Sesenta años después del Concilio, el Papa espera «un renovado Pentecostés de las vocaciones». Junto con la oraciónincesante al Señor de la mies (cf. Mt 9, 37-38), se nos pide verificar la capacidad generativa denuestras prácticas pastorales y tener el valor de hacer propuestas firmes y liberadoras a los jóvenes. Con motivo del Jubileo dela Esperanza, el Papa León, dirigiéndose a los sacerdotes, recordó que, aunque el sacerdocio atraviese un momento difícil, la llamada de Dios no cesa. Por ello, necesitamos espacios paralos jóvenes animados por el Evangelio, contextos que fomenten propuestas de elección integral. El entusiasmo de los jóvenes que hoy responden a la llamada del Señor debe impulsarnos a todos a renovar con alegría nuestra elección de seguir a Cristo31.

Queridos Hermanos: el primer ministerio vocacional es el testimonio de un sacerdote feliz32. Un joven paraguayo que ve a su párroco orar profundamente, administrar los sacramentos con alegría, proclamar la Palabra con pasión, vivir la fraternidad con entusiasmo y dar testimonio de la caridad en la vida diaria, escuchará con mayor facilidad la voz del Maestro que nunca deja de llamar a la hermosa vida del sacerdocio ministerial.

El Santo Padre nos invita a poner el cuidado de la vida espiritual en el centro de laevangelización, y en particular de la pastoral vocacional y juvenil. Para ello, el Papa exhorta atodos los miembros de la Iglesia a trabajar con entusiasmo para crear comunidades acogedoras.Solo a través de ambientes caracterizados por una fe viva, la oración y el apoyo mutuo podrán los jóvenes percibir y acoger la llamada de Dios.

Concluyo con las mismas palabras con las que el Papa León XIV selló su Carta, tomadas del Santo Cura de Ars: «El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús. Un amor tan fuerte que disipa las nubes de la rutina, el desaliento y la soledad; un amor total que se nos da en suplenitud en la Eucaristía»33. Esta es la belleza de nuestro sacerdocio: no lo merecíamos, lorecibimos; no nos pertenece, nos posee. Preservarlo, proclamarlo y cultivarlo es la tarea de una fidelidad que genera el futuro que Dios quiere para nosotros.

Gracias, queridos Hermanos Sacerdotes de Paraguay, por sus vidas entregadas en las parroquias, en el Chaco y en las periferias urbanas, en capillas y santuarios rurales, junto a losenfermos, los pobres y los jóvenes. Encomiendo a cada uno de ustedes, a sus obispos y a sus seminaristas a la Virgen de Caacupé, Tupasy Caacupé, y a la intercesión de San Roque González de Santa Cruz y sus compañeros mártires, y de la Beata María Felicia de Jesús Sacramentado, Chiquitunga, quien supo hacer de su vida una ofrenda gozosa. Que ellos les obtengan la gracia de ser pastores santos, fieles y felices.

 

Ciudad del Vaticano, 15 de julio de 2026.

 

 

Lázaro Card. You Heung-sik

Prefecto

 

[1] León XIV, Carta Ap. Una fidelidad que genera futuro (8 de diciembre de 2025), 4.

[2] Conferencia Episcopal Paraguaya, Carta Pastoral sobre el bien común, Denles ustedes mismo de comer (Mt 14, 16), Caacupé, 8 de diciembre de 2025.

[3] Cf. V Consejo del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, Documento conclusivo de Aparecida (29 de junio de 2007), 191-195.

[4] Una fidelidad que genera futuro, 23.

[5] Juan Pablo II, Exhortación Ap. post-sinodal Pastores dabo vobis (25 de marzo de 1992), 15, en Una fidelidad que genera futuro, 23.

[6] Cf. Congregación para el Clero, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. El don de la vocación presbiteral (8 de diciembre de 2016), 39 [RFIS].

[7[ «Esta conciencia -basada en el vínculo ontológico con Cristo- se aleja de las concepciones “de tipo funcional” que han querido ver al sacerdote solamente como un agente social o un gestor de ritos sagrados», Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros (11 de febrero de 2013), 7.

[8] RFIS, 57; cf. ibidem, 80.

[9] Juan Crisóstomo, De sacerdotio, III, 4 (SCh 272, 142).

[10] Una fidelidad que genera futuro, 24.

[11] Ibidem, 25.

[12] Ibidem, 24.

[13] «El sacerdote estará por encima de toda parcialidad política, pues es servidor de la Iglesia: no olvidemos que la Esposa de Cristo, por suuniversalidad y catolicidad, no puede atarse a las contingencias históricas. No puede tomar parte activa en partidos políticos», Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 44.

[14] León XIV, Carta Enc. Magnifica Humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial (15 de mayo de 2026), 86.

[15] Cf. RFIS, 80.

[16] Una fidelidad que genera futuro, 7.

[17] Juan Crisóstomo, De sacerdotio, II, 1 (SCh 272, 102-104).

[18] Gregorio Magno, Regula pastoralis, II, 5 (SCh 381, 196).

[19] Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 49-54 y 74.

[20] Conc. Ecum. Vat II, Decr. Optatam Totius, 22.

[21] Una fidelidad que genera futuro, 8.

[22] Sobre la formación permanente como prosecución natural del único camino discipular, cf. Congregación para el Clero, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. El don de la vocación presbiteral (8 de diciembre de 2016), 3 y 80-88.

[23] Una fidelidad que genera futuro, 12.

[24] Cf. RFIS, 87-88.

[25] Conc. Ecum. Vat II, Decr. Presbyterorum ordinis, 8, en Una fidelidad que genera futuro, 17.

[26] Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 36-40; RFIS, 87-88.

[27] Presbyterorum ordinis, 9.

[28] Una fidelidad que genera futuro, 22.

[29] Carta Pastoral sobre el bien común, 8.2.

[30] Una fidelidad que genera futuro, 27-28.

[31] Cf. León XIV, Discurso a los participantes en el Encuentro Internacional “Sacerdotes felices «Yo los llamo amigos»” (Jn15, 15), promovido por el Dicasterio para el Clero con ocasión del Jubileo de los Sacerdotes (26 de junio de 2025).

[32] «Todo sacerdote se dedicará con especial solicitud a la pastoral vocacional. No dejará de incentivar la oración por las vocaciones», Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 43. Cf. también Documento conclusivo de Aparecida, 314-315.

[33] Una fidelidad que genera futuro, 29.